Es la segunda pregunta de cualquier primera conversación, justo después del precio. Y suele responderse mal en las dos direcciones: unos prometen dos semanas para cerrar la venta, otros dan un rango tan amplio que no sirve para planificar nada.

Vamos con los números reales y, sobre todo, con lo que de verdad determina si se cumplen.

La respuesta corta

Tipo de proyectoPlazo habitualQué incluye
Presencia compacta3 a 5 semanasUna página larga, diseño propio, un formulario
Web corporativa6 a 10 semanasCinco o seis páginas, copy, gestor de contenidos
Con módulo funcional10 semanas o másLo anterior más reservas, área privada o integraciones
La letra pequeña de estos plazos

Cuentan desde que el contenido está disponible, no desde que se firma. Es la diferencia entre un plazo que se cumple y uno que se incumple, y casi nadie la explica antes de empezar.

Las fases y cuánto se lleva cada una

1. Estrategia y arquitectura · 3 a 7 días

Qué tiene que conseguir la web, a quién se dirige, qué páginas hacen falta y qué recorrido sigue el visitante. Es la fase que más se salta y la que más caro sale saltarse: sin ella, el rediseño se decide por gusto y las revisiones se multiplican.

2. Contenido y mensaje · 1 a 3 semanas

Aquí está el cuello de botella real. Si el copy lo escribe quien hace la web, depende de que le pases información y de las rondas de revisión. Si lo escribes tú, depende de que te sientes a hacerlo, y eso compite con tu trabajo diario.

3. Diseño · 1 a 2 semanas

Dirección visual y maquetación de las pantallas principales. Suele ir rápido si la fase 1 está bien hecha, porque hay criterios para decidir en vez de opiniones.

4. Desarrollo · 1 a 3 semanas

La parte que todo el mundo imagina cuando piensa en «hacer una web», y rara vez la más larga. Incluye maquetación, gestor de contenidos, formularios, rendimiento y accesibilidad.

5. Revisión y publicación · 3 a 7 días

Pruebas en móvil y escritorio, comprobación de formularios, medición, redirecciones si había web anterior, y salida. Comprimir esta fase es donde nacen los errores que se ven en producción.

Lo que de verdad retrasa un proyecto

Por orden de frecuencia, y ninguna de las tres primeras es técnica:

  1. El contenido del cliente. Los textos que ibas a mandar «esta semana» y las fotos que hay que hacer. Es la causa número uno, con diferencia.
  2. Aprobaciones repartidas. Tres personas opinando en momentos distintos, cada una sobre una versión distinta. Cada ronda añade días.
  3. Cambios de alcance a mitad. «Ya que estamos, ¿podríamos añadir…?». Cada «ya que estamos» tiene un coste en días que nadie apunta.
  4. Accesos que no llegan. Dominio, hosting, analítica, cuentas de terceros. Suena menor y bloquea la publicación.
  5. Integraciones de terceros. Cuando hay que conectar con un software que no controla nadie del proyecto, el plazo deja de depender de vosotros.

En un proyecto bien definido, quien programa casi nunca es el cuello de botella. Lo es quien tiene que decidir.

Cómo acortarlo de verdad

Tres cosas funcionan y una no.

Lo que no funciona: meter más gente a desarrollar. En proyectos de este tamaño añade coordinación y errores, no velocidad.

Señales de un plazo que no se va a cumplir

Si tienes una fecha inamovible

Pasa: una apertura, una feria, una campaña. En ese caso hay tres palancas y conviene elegir a conciencia.

  1. Reducir alcance. Menos páginas, sin módulo funcional. Es la palanca sana.
  2. Preparar tú el contenido antes. Con los textos listos, el proyecto arranca por la fase 3.
  3. Salir por fases. Publicar lo esencial en la fecha y ampliar después, en vez de llegar tarde con todo.

Lo que no es una palanca: comprimir la fase de revisión. Ahí es donde se detectan los formularios que no envían y los fallos en móvil, que son justo los que cuestan dinero.

Cómo lo planteamos nosotros

En Autberry el plazo se define junto con el alcance, no después, y los proyectos van por hitos con entregable en cada uno. Los tres niveles de precios y alcance tienen plazos distintos precisamente porque tienen alcance distinto.

En el diagnóstico preguntamos cuándo te gustaría empezar. No es una pregunta de cortesía: si la fecha que tienes en la cabeza no encaja con lo que quieres, es mejor saberlo antes de firmar que a mitad.